Cómo trabajamos
El Rigor no tiene firma. Tiene método. Lo que sostiene una información no es quién la escribe, sino cómo se ha verificado. Por eso el medio es anónimo y el método es público.
Leemos el mismo hecho en todas las fuentes
Cada acontecimiento se lee en la prensa de decenas de países que a menudo tienen intereses opuestos. Cuando un mismo dato aparece por igual en medios que defienden causas contrarias, deja de depender de la palabra de una parte. Esa coincidencia es la base de lo que publicamos como hecho.
Contrastamos con lo que no tiene línea editorial
Un gobierno dice lo que le conviene. Un sismógrafo no, ni un transpondedor de avión, ni la medición de un corte de internet hecha desde dentro del país, ni el archivo que conserva lo que alguien borró. Cuando el hecho lo permite, lo enfrentamos a esos sensores, que no pertenecen a ningún Estado.
Publicamos por niveles, no por titulares
Cada afirmación lleva un nivel de verificación de uno a cinco. El lector ve siempre qué está confirmado por múltiples fuentes independientes, qué sostiene una sola parte con su nombre al lado, y qué no sabemos. Los medios de titularidad estatal se citan como posición oficial, jamás como confirmación.
- 5 Confirmado por sensor independiente y por fuentes independientes.
- 4 Confirmado por fuentes de países con intereses opuestos.
- 3 Sostenido por medios independientes.
- 2 Atribuido a una parte, sin confirmación cruzada.
- 1 Lo sostiene una sola parte interesada.
Publicamos también lo que no sabemos
Cada pieza termina con sus huecos: lo que no se ha podido confirmar, el sensor que no devolvió dato, la fuente que aún no ha cubierto el hecho. Ocultar lo que falta es la forma más común de mentir sin decir una sola falsedad.
Todo es comprobable
Cada pieza incluye una huella de su contenido. Si el texto cambiara después de publicarse, la huella dejaría de coincidir y cualquiera podría demostrarlo. Y cada pieza existe también en formato legible por máquinas, para que un sistema automático pueda citarnos con precisión sin interpretar la prosa.
Por qué anónimo
Porque el método debe poder juzgarse sin el ruido de quién lo firma. Un dato confirmado por seis fuentes independientes no es más cierto por llevar un nombre encima, ni menos cierto por no llevarlo. La responsabilidad editorial recae en el medio como conjunto, y el método que aquí se describe es el contrato con el lector.
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