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Los Baños del Niágara, la primera piscina cubierta de Madrid

Cuesta de San Vicente, desde confluencia Paseo del Rey
Cuesta de San Vicente, desde confluencia Paseo del Rey. Malopez 21 · CC BY-SA 4.0 · vía Wikimedia Commons

Redacción EL RIGOR · 9 de agosto de 2026, 21:51 · 2 min de lectura

Contrastado en fuentes de El Mundo

En la transitada Cuesta de San Vicente, bajo los cimientos del Hotel Príncipe Pío, reposan los restos de los Baños del Niágara, inaugurados en el verano de 1879. Este complejo, que cambió los hábitos higiénicos y deportivos de Madrid, fue la primera gran piscina transitable de la capital y, décadas después, la primera pileta climatizada y cubierta del país.

Los Baños del Niágara comenzaron su vida como un sanatorio urbano, ideado por el empresario Vito Montaner. El complejo, que contaba con consultas médicas, una farmacia y gabinetes individuales, incorporaba un gran estanque exterior de 27 metros de longitud, considerado la primera pila de natación de Madrid. Su objetivo inicial era ofrecer tratamientos terapéuticos mediante chorros de agua fría, pero pronto evolucionó para convertirse en un espacio de ocio y recreo.

En la década de 1910, el empresario Santiago Domínguez transformó el recinto en un parque de recreos, añadiendo un cine de verano que proyectaba películas de cine mudo internacional. Según la prensa, en las noches de julio y agosto, los madrileños acudían en masa para disfrutar de un baño refrescante seguido de una película al aire libre.

Sin embargo, el Niágara alcanzó su punto culminante a principios de la década de 1930, cuando se convirtió en la primera piscina cubierta y climatizada de Madrid. Esta transformación fue impulsada por el Canoe Natación Club, que necesitaba un espacio para entrenar durante el invierno. La obra de ingeniería consistió en recortar el vaso de la piscina original de 27 a 25 metros para cumplir con la normativa deportiva internacional y techarla completamente para protegerla de las heladas. Además, se instaló una caldera de carbón que mantenía el agua a una temperatura constante.

La construcción de una piscina cubierta y climatizada en pleno invierno fue una innovación que anticipó las necesidades futuras de los atletas y amantes del deporte.

Hoy, aunque los Baños del Niágara permanecen ocultos bajo los cimientos del Hotel Príncipe Pío, su legado perdura en la memoria colectiva de Madrid. El Niágara no solo cambió los hábitos higiénicos y deportivos de la ciudad, sino que también dejó una huella indeleble en la cultura madrileña. Su historia es un testimonio del cambio constante y la adaptabilidad de la ciudad a lo largo del tiempo.

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